domingo 30 de septiembre de 2007

ESTACION DE ESQUI ALTO CAMPOO

 

 










ESTACION DE ESQUI DE ALTO CAMPOO.


Se encuentra esta estación situada en la Cordillera Cantábrica, en el municipio de la Hermandad de Campoo de Suso entre picos que superan una altitud de más de 2000 metros por donde discurren las pistas de esquí.

El pico Tres Mares con 2175 m.le debe su nombre al hecho de ser el único pico de España en el que se juntan las divisorias de las tres vertientes de la Península Ibérica como son la Cantábrica, la Atlántica y la Mediterránea.

La sierra Híjar alineación montañosa que separa las cuencas del Ebro y del Duero tiene como punto más alto el Cuchillón con 2222 metros de altitud.

La mayoría de las cimas montañosas de esta zona, sobrepasan los 2000 metros como decíamos al principio.

La estación invernal, dista unos 100km de la capital Santander y unos 24 de Reinosa.
La cota mínima de sus cumbres es de 1650 m y la máxima de 2172 m
Dispone de 23 pistas y 13 remontes y de toda clase de servicios auxiliares.
http://www.altocampoo.com/

La Hermandad de Campoo de Suso es un municipio situado en la parte nor-occidental de la comarca de Campoo y al sur de Cantabria y está formado por 24 pueblos.

La densidad de población es baja y la principal actividad en la actualidad son los servicios que sustituyeron a la ganadería en otros tiempos principal fuente de riqueza.

La Estación de esquí y el nacimiento del río Ebro en Fontibre, son los mejores aliados para la atracción turística de la zona, aunque existen otros muchos más puntos de interés turístico al disponer de un patrimonio artístico importante.
http://www.cantur.com/



La capital del municipio está ubicada en Espinilla distante unos 83 km de Santander.

El gran número de pueblos que componen este municipio le hace dueño como decimos, de un rico patrimonio religioso, civil y arqueológico.

Son también de destacar:

El Poblado Cántabro de Argüeso que representa la recreación de un poblado cántabro de la Edad de Hierro.

El Museo Etnográfico de Proaño de propiedad privada, que nos muestra la vida, las costumbres y el folklore de los habitantes de Campoo.

Dispone también de una desarrollada artesanía de la madera y respecto a la gastronomía merecen especial mención los quesos y la miel, las confituras y mermeladas y los productos derivados de la matanza del cerdo.

Pertenece a la Reserva Nacional del Saja.

En las faldas de los montes existen hermosos bosques de acebos, hayas, robles y otras especialidades de montaña. En mayores altitudes ya van apareciendo los matorrales como el enebro común, arándanos alpinos, groselleros silvestres y frambuesas.

En estos bosques y cimas tienen su refugio y su habitat una gran variedad de especies de animales, como ciervos, rebecos, venados, osos pardos, lobos, buitres leonados, urogallos, etc.

Hemos también de señalar que es una zona de excepcional belleza paisajística, y de gentes amables donde se disfruta de la naturaleza, del deporte y en general de la excelente atención, acogida y calidad gastronómica que ofrecen sus establecimientos.

Celebran a lo largo del año las típicas romerías de los pueblos donde exhiben su riqueza cultural en lo referente a la música, trajes típicos campurrianos, deportes rurales etc.

Mención especial por su relevancia es la fiesta celebrada el día 5 de agosto en la que se honra a Nuestra Señora de las Nieves, patrona de Suso, celebrándose los actos festivos en las campas alrededor de la ermita de San Miguel de Loma-Celada, disfrutando los romeros de una comida popular que finaliza en una animada verbena.

Es también de relieve la Fiesta de los campanos, declarada de Interés Turístico Regional, y que tiene lugar el último domingo de septiembre para conmemorar la bajada del ganado que subió a pastar durante el verano a los puertos de montaña comunales como es tradición en la zona.

A muy temprana hora del domingo dan inicio los actos conmemorativos y celebraciones, resultando de especial interés el ver pasar al ganado que baja a los pueblos, manifestándose la alegría festiva con expresiones folklóricas a lo largo de todo el día y finalizando la jornada con representaciones jocosas de estampas campurrianas que relatan aspectos destacados acaecidos durante todo el año a los vecinos de la localidad de Abiada, donde se celebra.





UDALLA

IGLESIA DE SANTA MARINA  DE UDALLA


















































sábado 29 de septiembre de 2007

IMAGENES DE CANTABRIA



SANTO TORIBIO DE LIÉBANA











SANTUARIO DE MONTESCLAROS















COLEGIATA ROMÁNICA DE CERVATOS


 








jueves 27 de septiembre de 2007

INDIANOS DE CANTABRIA





CÁNTABROS EN EL EXTERIOR.


El descubrimiento de América supuso un hito trascendental en la historia de la humanidad, que amplió los horizontes y cambió las vidas y destinos de muchas gentes en el Viejo Continente.

Cantabria ha sido testigo de la crucial relevancia que tuvo entre muchos de sus hijos, el hecho de que decidieran dejar su familia, sus casas y pueblos para surcar los mares y recorrer los caminos del Nuevo Mundo en busca de aventuras, experiencias y destinos donde hacer realidad sus ilusiones y anhelos.

En las postrimerías del siglo XV se inician ya los primeros viajes que se encaminaron a Méjico en busca de oro, plata y otros metales preciosos.

El éxodo masivo no se produce, sin embargo, hasta la primera mitad del siglo XVIII.

Los pioneros que llegaban se iban instalando y llevando a sus familias, amigos y paisanos. Todos ellos iniciaron una nueva vida acomodando sus costumbres a las condiciones que el entorno les exigía, adaptándose al mismo, prestándose ayuda y protegiéndose unos a otros.

Los puntos de destino fueron muchos, aunque Méjico y Cuba los preferidos.

Nuestros paisanos cántabros, procedían en su mayoría de las zonas rurales del interior y pertenecían a familias que disponías de medios económicos para costearles los viajes que emprendían en busca de aventuras que colmaran sus aspiraciones.

Sabían leer y escribir y se desenvolvían con soltura, lo que facilitaba una mejor adaptación al medio en el que vivían y desarrollaban sus actividades.

La pena que les embargaba por la lejanía de sus seres queridos y de sus pueblos, eran atenuadas por el caudal de ilusión y anhelos que mantenían.

Desarrollaron en gran parte el comercio en sus dos facetas de minorista y mayorista, aunque también se ocuparon en la agricultura y en oficios diversos.

Trabajaron duro y con tesón en busca de las fortunas que anhelaban y que motivaron su llegada a aquellas tierras tan alejadas de la suya.

Los que decidieron quedarse allí y llevaron a sus familias, fueron echando raíces, entablando lazos de amistad y estableciendo relaciones comerciales, que en muchos casos, desembocaron con el paso del tiempo en la creación de grandes imperios económicos.

Otra gran parte, por el contrario regresaron a sus lares y se trajeron con ellos las fortunas amasadas.

Nuestros indianos, dedicaron una parte de sus fortunas a realizar obras y aportaciones generalmente en sus pueblos de nacimiento.

Con ello, querían dejar patente la materialización de sus ilusiones constatando el logro de sus aspiraciones aristocráticas, perpetuando los linajes y símbolos familiares y potenciando las distinciones dinásticas, a la vez que les servía para exhibir ante sus convecinos el poderío económico y el reconocimiento social alcanzado al otro lado del Océano.

Crearon fundaciones destinadas a desarrollar sus inquietudes humanitarias, sociales o intelectuales.

Fomentaron las obras para proteger y desarrollar la educación, la sanidad y el progreso económico de sus pueblos.

Construyeron y renovaron gran cantidad de edificios religiosos y civiles, (Iglesias, escuelas, palacios, seminario- universidad, hospitales, puentes y un largo etc.).

Protegieron con ellos a los huérfanos, a los enfermos y a los más desfavorecidos de la fortuna.

Tanto en los tiempos pasados como en los actuales, crearon grupos familiares, sociales y económicos de gran relevancia y poder, destacando dentro del primero, los marqueses de Comillas, Valdecilla y Manzanedo, la familia Sánchez Tagle y don Santiago Galas.

En la actualidad, uno de los más representativos es el constituido por don Eulalio Ferrer, gran mecenas y sus hijos. Hay también otras grandes familias muy conocidas y vinculadas a nuestra tierra, extraordinariamente emprendedoras y muy destacadas que mantienen intereses económicos muy sólidos en nuestras empresas cántabras.

Hoy en día todavía se conservan muchas casas construidas por los indianos, muy representativas de sus gustos y poder económico. Todas ellas de una arquitectura magnífica y muy bien conservadas.

Tan sólo alguna, lamentablemente nos muestra su apariencia de abandono, fruto quizás de la desaparición de sus propietarios o la ausencia de las familias, sin que nadie aparentemente haya tomado el relevo generacional.

Queremos rendir también nuestro homenaje y nuestro recuerdo entrañable, al resto de nuestros paisanos a los que la vida no hizo justicia y les maltrató.

Se fueron por otros diferentes motivos y tragedias buscando una nueva vida y algunos ya no pudieron regresar. Se quedaron allí reposando para siempre.

Otros, regresaron sin haber podido cumplir sus sueños, porque la suerte que es caprichosa, nunca quiso acercarse a ellos.

Y también a todos los demás que continúan afincados en las tierras que les acogieron, trabajan y viven allí integrados junto con sus descendientes en las tierras hermanas del Nuevo Mundo que es su segunda patria.

Las Casas de Cantabria, repartidas por todo el mundo son el fiel testigo de los sentimientos, añoranzas y amistad de sus socios y simpatizantes.


domingo 23 de septiembre de 2007

DON JOSE MARIA PEREDA. NOVELISTA COSTUMBRISTA





DON JOSE MARÍA DE PEREDA Y SÁNCHEZ DE PORRÚA.


ESCRITOR COSTUMBRISTA Y ENSAYISTA CÁNTABRO




Nació en Polanco (Cantabria), el 6 de febrero de 1833 en la casa solariega de su familia hidalga y bien acomodada.

Estudió sus primeras letras y el Bachillerato en Santander donde aprendió con lágrimas el Latin.

En 1852 cuando tenía 19 años se traslada a Madrid para preparar su ingreso en la Academia de Artillería de Segovia, según le demandaban los cánones de su clase social.

Al poco tiempo de su estancia en Madrid se disipó su fervor artillero y se inclinó por pasar una vida mejor y disfrutar de los placeres que le ofrecía la capital de España.

Tan pronto acudía al teatro Real como a los bailes de Capellanes. No se perdía ni una sola fiesta de sociedad que sus relaciones familiares le brindaban.

En ese entorno donde se relacionaba conoció a fondo el ambiente literario, a los autores y sus obras, llegando a la conclusión de que esa faceta era su verdadera vocación y en consecuencia abandonó definitivamente sus aspiraciones militares.

Transcurrido un tiempo regresó de nuevo a su tierra natal desengañado de los encantos de la corte y en su casona de Polanco volvió a reencontrarse con la vida y la naturaleza de Cantabria.

En 1855 muere su madre y una epidemia de cólera le atacó, logrando recuperarse gracias a los cuidados de su familia y a los tratamientos del abuelo de su ilustre amigo don Marcelino, don Agustín de Pelayo, que era médico.

La muerte de su madre y la enfermedad le dejaron muy desmejorado y melancólico, por lo que decidió en 1857 realizar un viaje a Andalucía para intentar recuperarse y distraerse, objetivo que logró afortunadamente.

Los primeros trabajos literarios de don José María Pereda fueron periodísticos, publicados en la prensa santanderina, concretamente en el diario “La Abeja Montañesa”

Asimismo, probó suerte con varias obras de teatro, pero con poca fortuna.

En 1864 publicó su primera obra “Escenas montañesas” que le dio celebridad.

En 1865 viajó a Paris donde reside durante una temporada para familiarizarse con la literatura francesa.

En 1869 a la edad de 36 años contrae matrimonio en Santander con doña Diodora de la Revilla y Huidobro tal hidalga como él.

Disfrutando ya del éxito de su primera obra y nombrado miembro de la Real Academia Española en 1871 estuvo a punto de abandonar las letras para dedicarse a la construcción de un magnífico palacio enfrente de su casa solariega natal.

Ante este intento de deserción, don Marcelino Menéndez y Pelayo, gran amigo suyo le animó a que continuase su vida literaria, acudiendo incluso a su conciencia y patriotismo, argumentos que convencieron a don José María, entregándose de nuevo a la literatura y dedicándose ya definitivamente a la novela.

A las cualidades narrativas unió el escritor la exposición y defensa de sus ideas religiosas y sociales, triunfando como novelista en la creación de las novelas regionales o de tesis, que era como se conocían por aquella época.

La crítica de la época tuvo división de opiniones como es natural, unos a favor y otros en contra en la medida que comulgasen o no con las ideas del escritor.

Solamente Clarín, dejando de lado generosamente, la ideología de don José María, admiró cada vez más la belleza literaria de sus creaciones.

Finalmente hasta la crítica evolucionó y reconoció a don José María de Pereda como creador de la novela regional.

El escritor continuó su labor literaria en su casona de Polanco, rodeado del mundo que aparece en sus novelas, descubriendo en él cada vez matices más bellos y realidades más profundas.

Por causas familiares viajo en 1884 a Madrid, Valencia y Barcelona, volviendo nuevamente a la capital de España para ir a Portugal con su íntimo amigo, (a pesar de la disparidad de ideologías) don Benito Pérez Galdós a realizar un proyecto que ambos tenían en común.

Lo mismo a Pereda en las localidades que visitó en España, como ambos novelistas en Lisboa, Cintra, Coimbra y Oporto en Portugal fueron objeto de innumerables homenajes.

De regreso a Cantabria por Galicia y Asturias, don José María recibió innumerables adhesiones, incluido el fervoroso brindis que le dedicó Clarín en Oviedo, a donde había ido don José María a conocerle, y donde fue homenajeado por la Universidad.

Entre 1890 y 1891, Pereda pasó una etapa de desgracias familiares, sufrimientos y enfermedades, pero siguió escribiendo y publicó “Nubes de estío” que le provocó grandes disgustos por la crítica que recibió.

Rompió definitivamente con doña Emilia Pardo Bazán, después de una dura polémica.

Al igual que en 1870 en 1891 nuevamente se le quiso vincular con la política a pesar de que no le gustase. Afortunadamente salió derrotado y se retiró definitivamente ella.

En 1892 fue a Barcelona a leer un discurso como mantenedor de unos Juegos Florales, pasando mil sudores como el mismo contó, ya que sus cualidades oratorias no eran nada brillantes.

En Cataluña se organizó una excursión y varios homenajes en su honor.

Don José María Pereda, correspondió a la cariñosa acogida catalana al año siguiente cuando visitó Cantabria don Narciso Oller dirigiendo los actos de adhesión y homenaje a este popular escritor.

En septiembre de 1893 tuvo lugar la trágica muerte de su hijo primogénito que le produjo un derrumbamiento espiritual absoluto del que no se recuperó.

Ocurrió también la terrible explosión del buque Cabo Machichaco que cubrió de luto a Cantabria y a toda España.

Tuvo ya don José María Pereda a partir de estas fechas algunos sucesos gratos, como fue su ingreso en la Real Academia Española, donde fue recibido con un entrañable discurso de su amigo don Benito Pérez Galdós. El segundo viaje que realizó a Andalucía acompañado de su hija, otorgándole nuevos y entusiastas homenajes, la intervención en unos Juegos Florales en Castro Urdiales, pero ya no le abandonaría jamás la tristeza que le consumía.

En 1897 volvió a Barcelona para despedirse de sus amigos concluída ya su vida de escritor.

El desastre de 1898 también repercutió angustiosamente en su alma.

El rey le concedió en 1903 la gran cruz de Alfonso XII que le llenó de orgullo.

Dirigiéndose a Jerez de la Frontera en 1904 para ser padrino de su primer nieto, hubo de detenerse en Madrid a causa de los fuertes dolores reumáticos que padecía. En Sevilla percibió ciertos síntomas que le avisaron de una posible hemiplejía, que por fin le sobrevino estando en Jerez y que le dejó paralítico del lado izquierdo.

Dos años de sufrimiento sobrevivió a este doloroso percance, muriendo en la noche del 1 de marzo de 1906 en su casa de Santander.

Don José María Pereda, dotado de una impresionabilidad y sensibilidad casi patológica que a veces le hacia pasar muy malos ratos, era bondadoso, de carácter afable y cordial.

Elegante, siempre bien vestido, pulcro y ordenado.

Hombre de familia su vida transcurrió sosegadamente entre Santander y Polanco con su esposa, sus hijos y también sus amigos.

Hombre hospitalario y generoso.

Novelista indiscutible su obra se basa en la observación de la realidad, en la tierra y en los hombres de su comarca que conocía tan bien. Los tipos que describe en sus novelas, aparecen tal como son en la realidad con su lenguaje pintoresco y sus costumbres, sus vicios y virtudes.

Pereda es un gran paisajista literario. Nos describe admirablemente las innumerables bellezas de Cantabria, las grandes montañas, los hermosos prados y bellísimas visiones marineras.

Llegó a la creación de la novela regional apoyándose en un modelo de técnica novelística que más tarde sobrepasó merced a sus posibilidades literarias y creadoras.

Su referencia fue Fernán Caballero, en cuyo modelo literario encontró Pereda un mundo inagotable que termina en una novela regional cuyas principales bellezas estriban en la descripción de los tipos humanos, del paisaje y del ambiente en que se mueven, de su propio vivir y del lenguaje en que se expresan.

Don José María Pereda es el primer escritor de costumbres que España ha producido en el siglo XIX, según opinión de don Marcelino Menéndez y Pelayo.

Don Armando Palacio Valdés, novelista ilustre que sucedió en su sillón académico a don José María Pereda, expresó:

“Tuvo siempre como escritor un temperamento épico….”

Obras de don José María Pereda

Escenas Montañesas.
Tipos y paisajes.
La mujer del César.
La Montálvez.
Oros son triunfos.
La puchera.
Hombres de pro
Don Gonzalo González de la Gonzalera.
Nubes de estío
Tipos trashumantes.
El buey suelto.
Pedro Sánchez
De tal palo tal astilla
El sabor de la tierruca
Peñas Arriba
Sotileza
Pachín González


Bibliografía
Colección Las Mejores Novelas contemporáneas.
Tomo I
Selección y estudios de
Don Joaquín de Entrambasaguas
Catedrático de la Universidad de Madrid
Colabora
Doña María Pilar Palomo
Profesora de la misma Universidad.
Barcelona. 1971







jueves 20 de septiembre de 2007

CANTABRIA EN LA PREHISTORIA



CANTABRIA Y LOS CANTABROS.

ORÍGENES.


En los tiempos más remotos de la historia de la Humanidad, el paleolítico, tuvo una relevancia muy importante en Cantabria, siendo nuestra tierra una de las regiones del mundo más ricas en yacimientos del Paleolítico Medio y Superior.http://museodealtamira.mcu.es/cueva_altamira.html

Más de 10.000 años transcurridos nos alejan de aquellas gentes cazadoras que vivían en cuevas.

Las gentes del Paleolítico que poblaban Cantabria no diferían de las que vivían en Asturias y el País Vasco. Todos ellos tenían idénticas características y coincidieron en impulsar notablemente el perfeccionamiento de los útiles de caza, de la pesca y el marisqueo, así como de la recolección de productos vegetales silvestres, aunque estos tres últimos en menor medida.

Donde sí sobresalieron fue en el perfeccionamiento de un alto sentido estético que les llevó a la realización de las maravillosas obras de arte rupestre (Altamira, La Pasiega, Covalanas, El Pendo, El Castillo, etc., todas estas radicadas en Cantabria).

Aunque también desarrollaron un complejo ceremonial religioso y mágico este resulta más difícil de determinar a causa de la distancia cronológica que nos separa y las pocas muestras que nos dejaron de ello.

Desde el fin de la época glaciar hasta el comienzo del primer milenio antes de Cristo, estos grupos humanos vivieron pobremente, dedicándose más a la recolección de frutos que a la caza.

A mediados del milenio IV a. de C. en las regiones del norte de España, aparece ya la cultura Megalítica entre sus gentes. Eran pastores, usaban tímidamente la cerámica y se ensayaba la agricultura en Cantabria al igual que en el resto.

En el milenio II a. de C. se emplea el bronce y se generaliza el uso de la cerámica. Todavía siguen utilizando las cuevas.

Ya en el primer milenio a. de Cristo tiene lugar la formación del pueblo cántabro conocido en la Historia como tal.

Al conglomerado de gentes pastoras, agricultoras y con fuertes tradiciones de tipo matriarcal, tanto de Cantabria, como de los demás grupos  a los que después se llamaría Los Pueblos del Norte de la Península, se les van sobreponiendo las novedades culturales que van trayendo los contingentes de emigrantes e invasores procedentes de Europa Central que acceden por los Pirineos. Estos pueblos son indoeuropeos del llamado grupo celta.

Llegado el siglo II a. de C. los cántabros ya acusaban la influencia celtibérica, aunque nunca perdieron la suya propia.

Parece ser, que desde el punto de vista físico, los cántabros eran de tipo alto y fornido. Sabemos que los hombres llevaban el pelo largo y lo ataban atrás con una cinta, y las mujeres eran de una gran fortaleza.

La lengua de los cántabros se cree que era indoeuropea de la familia céltica, aunque también conservaba voces arcaicas emparentadas con el euskera.

En cuanto al carácter y costumbres se sabe que vestían una túnica atada con un cinturón y un capote negro que les servía también de manta para dormir, llevaban también una especie de gorra y calzaban abarcas de cuero. Las mujeres usaban vestidos con adornos de flores.

Dormían en el suelo sobre un lecho de paja, se bañaban en agua fría, y comían una sola comida al día muy frugal.

Eran muy aficionados a los juegos atlético militares y les gustaba mucho el baile.

Construían los poblados en lo alto de cerros o colinas y estaban fortificados (Castros). Las casas eran cabañas con techumbre de ramaje, generalmente de planta circular con un banco alrededor y pegado a la pared y el hogar en el medio.

Por aquellas fechas todavía no eran muy navegantes, aunque frecuentaban la costa, tenían embarcaciones elementales, aprovechaban los recursos del mar y recibían por mar mercancías de otros pueblos de la fachada atlántica.

Tallaban hábilmente la madera y con el hierro extraído de las minas fabricaban buenas armas.

En cuanto a la estructura social existía una preponderancia de la familia de la mujer sobre la del hombre. La mujer era la dueña de la tierra y de la hacienda y heredaban las hijas.

Respecto de la vida pública se celebran asambleas en las que los individuos de mayor edad ejercían su autoridad. Sin embargo en la actividad guerrera el mando estaba a cargo de jefes o caudillos tribales.

Tenían himnos de combate y utilizaban estandartes para comunicarse entre sí en las guerras.

En resumen el pueblo cántabro era sobrio en su vida cotidiana, de costumbres bárbaras, intrépidos y constantes en la lucha. Leales y nobles en sus relaciones amistosas y aferrados a su independencia hasta límites insospechados.

A la llegada de los romanos a la Península Ibérica en el siglo II a. de C. el pueblo cántabro, constituido fundamentalmente por el viejo sustrato pre-indoeuropeo, (pastoral-agrícola y matriarcal), el grupo celta, (alpino y germánico) de gran importancia en la cultura y la lengua y el grupo formado por contacto con otros pueblos peninsulares, entabló una guerra desigual que duró 10 años

Los cántabros, mediante una contienda establecida por el sistema de guerrillas hostigaba continuamente y no dejaba avanzar a los invasores.

Era tal la situación padecida por los ejércitos romanos en su lucha contra estas gentes, que el mismo emperador Augusto hubo de trasladarse personalmente en el año 26 a. de C.para organizar y planificar él mismo las acciones militares de sus legiones para enfrentarse a este pueblo indómito que luchaba en defensa de su identidad y libertad contra un gigante.

Las incursiones guerreras de los cántabros continuaban.


La pérdida del prestigio de Roma llegó a tal extremo que el emperador Augusto se vio obligado a enviar a luchar contra los cántabros a su mejor militar, el general Agripa.

Agripa  haciendo frente a la fiereza desesperada de los guerreros cántabros, a la dureza del terreno y también a la desmoralización de su ejército, cansado de tanta lucha estéril con este pueblo valiente e indómito, terminó con gran dificultad y crueldad inusitada la guerra en el año 19 a. de C.

Fueron tan horribles las revanchas ordenadas por el general que hastiado de todo lo ocurrido tomó medidas para que jamás volviera a reproducirse la guerra. Malhumorado y humillado por lo cara que le había costado la victoria no informó de ella al Senado, ni aceptó el triunfo que Augusto solicitó para él.

Con esta última guerra mantenida contra los cántabros, Roma dio por finalizada la conquista de la Península Ibérica.

A partir de aquí se inició la romanización del territorio cántabro, tarea que no resultó fructífera, dado que los éstos siguieron manteniendo sus costumbres, instituciones y creencias, las cuales una vez sucedida la caída del Imperio se revitalizaron,  y  conservaron su identidad íntegra incluso hasta en la  época visigoda.

Llegados los visigodos a la Península  e instalados en sus territorios, nunca lograron consolidar su triunfo en el norte.

Para garantizar la paz en esta zona, el rey visigodo Ervigio, instituyó el Ducado de Cantabria, regido por un Dux elegido entre los jefes guerreros.

Los duques más importantes de la época eran Pedro Duque de Cantabria con sus hijos Alfonso y Fruela y el duque Fabila (padre de Pelayo).

Con la invasión de los árabes se inició el repliegue de los pueblos del sur, huyendo de las devastaciones y de la guerra hacia el norte, para buscar refugio y protección en las montañas y tierra cántabras.

El pueblo cántabro les acogió mezclándose y conviviendo con ellos. Poco a poco los recién llegados poseedores de un elevado grado de refinamiento fueron influyendo con su cultura y sus costumbres  que fueron aceptadas y asimiladas, llegando a ser Cantabria en la Edad Media una región con un elevado grado de cultura, un idioma y una organización civil y eclesiástica.

Las primeras crónicas de la Reconquista colocan a Cantabria como pieza fundamental. Desde las tierras de Liébana surge el primer foco guerrero contra el invasor árabe y en Liébana también va a desarrollarse la Dinastía cántabra que parte del tronco familiar de Pedro, Duque de Cantabria con sus hijos Alfonso y Fruela.

Alfonso casado con Ermesinda, hija de Pelayo, reinó con el título de Alfonso el Católico.

Fruela, primer conde de Castilla fue el padre de los reyes electivos de la Casa de Cantabria, Aurelio y Vermudo I. El hijo de éste último, Ramiro I, implanta la sucesión hereditaria de la corona de padres a hijos, llegando la línea sucesoria hasta el actual monarca Don Juan Carlos I.

Dentro del siglo VIII Liébana brilla como foco de cultura, intelectualidad y religiosidad con Beato de Liébana. Fue el centro del pensamiento de la ortodoxia cristiana que alentaba el Cristianismo y la Reconquista, acontecimientos que abren otra nueva etapa en la Historia de España de excepcional relevancia.

Con este escueto resumen de los acontecimientos  recordamos con orgullo y satisfacción la historia de nuestra tierra y nuestros antepasados, pero también con pesadumbre y amargura,  por los sacrificios, sufrimientos y calamidades padecidas en las cruentas guerras mantenidas contra los invasores, en defensa de su identidad y libertad.






Bibliografía:
Don Joaquín González Echegaray.
Don Alberto Díaz Gómez :
Manual de Etnografía Cántabra.

Don Joaquín González Echegaray:
Los Cántabros.

Don José Ramón Saiz Fernández :
El Ducado de Cantabria, el origen de un Reino.

domingo 16 de septiembre de 2007

MONTAÑAS Y VALLES VERDES






















FESTIVIDAD DE LA BIEN APARECIDA Y DEL DIA DE CANTABRIA



15 DE SEPTIEMBRE:

FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN BIEN APARECIDA, Reina y Madre de La Montaña.

PATRONA DE CANTABRIA



DÍA DE CANTABRIA


El día 15 de septiembre, disfrutamos en Cantabria la fiesta por doble motivo.

Por un lado, la veneración a la Virgen Bien Aparecida que celebramos en el Santuario de su mismo nombre, levantado en su honor en la colina de Somahoz, lugar donde existía una ermita dedicada a San Marcos y en el que en el año de 1605, unos niños que se encontraban pastoreando unos rebaños vieron como rodeada de resplandor aparecía una imagen muy pequeñuca de la Virgen.

Este acontecimiento asombró a los vecinos de la zona y de los pueblos de alrededor, brotando en todos ellos un sentimiento religioso y peregrino del que posteriormente surgió la construcción del Santuario, que fue iniciada hacia el año 1614, partiendo de la ermita que allí existía, y que después de un largo camino lleno de desventuras finalizó hacia el año 1722.

El Santuario ubicado en un paraje de belleza excepcional está atendido por los religiosos trinitarios desde el año 1908.

En 1905 coincidiendo con el tercer centenario del hallazgo de la imagen y también de la tradicional devoción mantenida por los cántabros hacia la Virgen Bien Aparecida, fue nombrada Patrona de Cantabria y 50 años después coronada como Reina y Madre de La Montaña.

La advocación de la Virgen como Bien Aparecida tuvo su origen en unos hechos acontecidos con ocasión de la desaparición de una imagen que veneraban en una ermita los vecinos de Marrón que desapareció, y que ellos pensaban que era la que se denominaba como Bien Aparecida. Por este motivo, surgieron muchas disputas llegándose a entablar incluso un pleito entre los pueblos de Marrón y Ampuero y que ganado aquél por los segundos dio origen al dicho popular de “No robada, sino Bien Aparecida”.

El collado de Somahoz, lugar emblemático para todos, también acoge en su amplia campa a los cántabros que acuden a la celebración de la festividad del día de Cantabria, llegando familias enteras, grupos de amigos, peregrinos y demás romeros con sus comidas a pasar el día felizmente bajo la sombra de los árboles que allí existen y de paso, comprar y degustar la gran variedad de productos típicos y artesanales que se venden en toda clase de tiendas colocadas al efecto.

Es un día festivo en el que todos los que acuden, bien sea a los actos religiosos, bien a la romería o a ambas cosas a la vez, pasan una velada en plena naturaleza disfrutando de la buena temperatura y del paisaje de nuestra hermosa tierra.




GERARDO DIEGO POETA DE LA GENERACION DEL 27





imagen obtenida de personales.mundivia.es




Gerardo Diego poeta de la Generación del 27, nació en Santander en el año 1.896.

Cursó sus estudios universitarios de Filosofía y Letras en las Universidades de Deusto, Salamanca y Madrid, doctorándose en esta última.

Obtuvo la plaza de Catedrático de Lengua y Literatura por vez primera en el Instituto de Soria de donde pasó al de Gijón y posteriormente Santander, para dar el salto definitivo a Madrid en 1939 donde permaneció hasta la fecha de su jubilación.

En Santander, dirigió dos grandes revistas de la generación del 27 que se llamaron Lola y Carmen.

Fue uno de los poetas más significativos de la generación del 27 representando su ideal con gran maestría

Aparte de su trabajo como catedrático, era crítico literario y taurino, escribiendo también en varios periódicos.

Gran aficionado a los toros, la música, y la pintura.

Participó en cursos y conferencias que fue impartiendo en muchas partes del mundo.

Viajó a Hispanoamérica y a las Islas Filipinas.

En 1925 recibió el premio Nacional de Literatura en igualdad de méritos con Rafael Alberti, volviendo a obtenerlo nuevamente el sólo en 1.956.

Durante el período de su estancia en Santander, acudía a las tertulias junto otros dos grandes poetas como eran José Luís Hidalgo y José Hierro, ejerciendo sobre la obra de este segundo un importante significado, al igual que lo hizo en otras figuras de relevancia.

En 1947 ingresó en la Real Academia Española de la Lengua permaneciendo en ella hasta su muerte.

En 1979 le fue otorgado el premio Cervantes.

Falleció en Madrid en el año 1.987.

En Santander reside la Fundación Gerardo Diego http://www.fundaciongerardodiego.com/creada en honor de este gran poeta cántabro universalmente apreciado, en reconocimiento de su obra y   su divulgación entre las generaciones venideras.

PUERTO CHICO
Invierno

A Antonio Quiròs

Corazòn del mar cántabro, que humilla,
remansa en ti su sangre tumultuosa,
cuadratura del rumbo y de la rosa,
sábana y almohada de la quilla;
toda estela de sal en ti se ovilla
a soñar, a dormir en paz dichosa,
y yo también, cuando el monzòn me acosa,
repaso en ti mis rutas milla a milla;
y las bordadas, látigos, meandros,
y el orzar de mis líricos balandros
que patrono, gloriosos de velamen.
Y hoy es la noche y bajamar. Escampa
el chaparròn. Qué olor el de la rampa.
Aguas con alma besan, huyen, lamen





viernes 14 de septiembre de 2007

Parque de la Naturaleza de Cabárceno













Imagenes obtenidas de:
http://www.parquedecabarceno.com/tarifas.htm


PARQUE DE LA NATURALEZA DE CABÁRCENO



Este hermoso parque esta localizado en los terrenos de unas antiguas explotaciones mineras cántabras situadas en el municipio de Villaescusa, muy próximo a Santander y su bahía. Abarca una extensión de 750 Ha donde viven en régimen de semilibertad más de cien especies de animales provenientes de todo el mundo, distribuidos en recintos de grandes superficies donde coexisten una o varias especies.

A lo largo de la historia estas minas de hierro, cuya antigüedad se remonta a 2500-2900 años fueron explotadas y abandonadas alternativamente.

Tras la caída del Imperio romano cesó la actividad extractiva hasta la Baja Edad Media donde ya bien iniciado el siglo XI fue reanudada al instalarse ferrerías de monte en las bocas de las minas.

En la Edad Moderna durante los siglos XVII hasta el XIX el hierro extraído de la Peña Cabarga abastecía con regularidad tanto a las ferrerías del entorno como a las Reales Fábricas de Artillería de La Cavada y Liérganes, salvando una ligera crisis que remontó a finales del siglo XIX con el desarrollo industrial que mantuvo la actividad hasta mediados del XX.

La intensa y prolongada acción de la mano del hombre en las labores de extracción del mineral de hierro en el macizo calizo de Peña Cabarga, unido a la reposada de la Naturaleza, ha convertido el lugar en un espectacular paisaje de pináculos calcáreos de torres rojizas formados por la disolución de las calizas, que con una extensión de 750 Ha nos brinda este bello espacio natural.

El parque de la Naturaleza de Cabárceno considerado uno de los principales atractivos turísticos del norte de España, alberga a más de un centenar de animales, entre los que se encuentran tigres, rinocerontes, osos, llamas, lobos, ñandúes, jirafas, impalas, elefantes, gorilas, hipopótamos, cebras, avestruces, canguros, dromedarios, asnos, bisontes búfalos, corzos, etc. a los que se puede observar y ver sus comportamientos en su entorno habitual.

Próximas a los recintos de los animales existen rutas botánicas de diferentes características y especies, donde se puede caminar entre tejos, nogales, abedules, hayas, tilos, castaños, saúcos, laureles, acebos etc. que convierten la visita y el paseo en un doble placer.

Las instalaciones que acogen a los animales están reconocidas como una de las mejores en su categoría.

A la entrada del parque por la puerta de la localidad de Obregón se encuentra instalado un excepcional reptilario donde se pueden ver las serpientes más venenosas del mundo (cobras, serpientes de cascabel víboras gigantes) tortugas, lagartos, etc. cada uno con sus singularidades y forma de vida.

El parque por sus excepcionales condiciones en cuanto a animales e instalaciones, colabora con Universidades españolas y extranjeras en importantes trabajos de investigación para mejorar la vida de éstos y evitar su extinción.

Colabora igualmente con muchos zoológicos para proteger las especies amenazadas, y también con otras instituciones y asociaciones de las mismas características.

La entrada puede realizarse por dos puertas, cada una de ellas situadas en las localidades de Cabárceno y Obregón.

Dentro parque hay una red de carreteras de más de 20 km que facilitan los accesos y desplazamientos dentro del mismo y además un amplio abanico de servicios para uso y disfrute de los visitantes, tales como Enfermería, teléfonos públicos, cajeros automáticos, aula medioambiental, aparcamientos, cafeterías, restaurantes, self-service, merenderos, tiendas de souvenirs, etc.


Sin lugar a dudas este bello parque en el fantástico entorno natural de Cantabria invita a ser visitado y recordado.


martes 11 de septiembre de 2007

DON MARCELINO MENENDEZ Y PELAYO






Nació en Santander el 3 de noviembre de 1856 a la hora temprana de las 7 de la mañana. Sus padres don Marcelino y doña María Jesús tuvieron otros seis hijos más.

Fue bautizado el recién nacido el día 5 del mismo mes de noviembre y se le impuso el nombre de Marcelino Valentín.

Crecía el niño feliz en su hogar atrayendo cada vez más hacia sí, la atención de sus familiares y amistades por la extraordinaria memoria que poseía y la viveza y el ingenio que demostraba en todo momento, dotes que, doña Perpetua señora ocurrente y graciosa, tía de su padre, se encargaba de alimentar con sus cuentos e historias y que éste con 3 años retenía en su memoria, recordando con todo detalle los episodios y demás pormenores que leía su tía.

Con 6 años sus padres lo envian a la mejor escuela de Santander a la que acudían los hijos de las familias más granadas de la ciudad, y ya don Marcelino desde esta temprana edad y desde esta escuela fue adquiriendo amigos que le duraron toda la vida. Su maestro don Víctor Setién, persona cariñosa y bondadosa, aún cuando su antiguo pupilo era estudiante de carrera en Barcelona y Madrid, le enviaba en Navidad un regalo de cincuenta pesetas que él siempre le agradecía con cariñosos recuerdos.

A los 10 años ingresa en el Instituto para estudiar el bachillerato que por esas fechas constaba de cinco cursos. En los dos primeros, poco tuvo que estudiar don Marcelino, dado los conocimientos que había adquirido con su maestro don Victor Setién. Tan sólo el latín fue a lo que dedicó su tiempo, aprendiendo a tal velocidad que dejó pasmado a su profesor don Francisco María Ganuza.

Durante estos años del bachillerato, ya muestra gran interés por iniciar su biblioteca, continúa ampliando los estudios de latín, lee con soltura el francés, aprende el italiano y el inglés y recibe curso tras curso los premios de estudios.

Terminado aquél a los 14 años, les surge a sus padres la preocupación acerca de la Universidad a donde enviarle para realizar su carrera. Elegida Barcelona, nombran tutor de su hijo a don José Ramón de Luanco, buen amigo de su padre. Don Marcelino se matriculó, fue presentado a sus profesores y allí estudió e hizo entrañables amigos. Continuó ampliando su biblioteca y cosechando premios extraordinarios de fín de curso.

Permanece otro año más estudiando en Barcelona y por indicación de sus padres visitó a una familia santanderina muy conocida de los mismos que por aquel entonces se encontraba de viaje en la ciudad condal. Tenían estos cántabros una hija muy guapa de la misma edad de don Marcelino y surgió de este encuentro el primer amor en el romántico mozo, amor que le traía inquieto y le hacía soñar en la soledad de su habitación, con su amada Isabel Martínez. Por esta causa deseaba siempre don Marcelino su regreso a Santander y así poder ver a su amada de la que seguía enamorado. Sin embargo, no sabemos si le habló alguna vez de su sentimiento, ni tampoco ha quedado prueba escrita alguna de ello.

En este segundo curso en Barcelona que se va desarrollando con normalidad, se aplica principalmente en el estudio del hebreo que llega a dominar con gran perfección.También acude con asiduidad a la cátedra de Estética y Literatura como alumno libre.

Los acontecimientos y avatares políticos de la época y la lejanía de Barcelona aconsejan a sus padres enviarle en el siguiente curso a seguir sus estudios en Madrid, y así fué pero don Marcelino siempre llevó a Barcelona y a Cataluña en su corazón.

En la capital de España el joven estudiante de tercer año en la Facultad de Filosofía y Letras pasó mucho tiempo libre que le dejaban las lagunas académicas ocasionadas por algunos profesores que no acudían a impartir sus clases, dedicándolo al estudio del griego, buscando libros antiguos y visitando bibliotecas, especialmente la Biblioteca Nacional donde tomaba notas con gran profusión para continuar una obra iniciada en Barcelona.

Sigue su obra creativa con gran criterio, erudición y selecto gusto literario a pesar de su juventud, obteniendo con ello el reconocimiento de sus trabajos.

Terminada su carrera a los 19 años, sin poder presentarse a ninguna cátedra ni de Instituto ni Universidad dada su juventud, intenta que le den aunque sea interinamente alguna plaza de bibliotecario. Mientras continúa trabajando en sus investigaciones y, preparándose para presentarse al premio extraordinario del doctorado, colofón de una carrera tan brillante y llena de triunfos.

Liberado por obra y gracia del dinero de su padre de cumplir el servicio militar, el Ayuntamiento y la Diputación de Santander le otorgan una subvención para ampliar sus estudios en el extranjero, contactar con otras culturas y conocer personajes eminentes. Visita Lisboa, Roma, el Vaticano, Florencia, Nápoles, Venecia, Paris etc., continúa engrosando su biblioteca y trabajando incansable en su quehacer literario.

Recibidas nuevas subvenciones esta vez del Ministerio de Instrucción Pública le animaron a proseguir sus estudios en el extranjero. Visitó las bibliotecas de Paris, Bélgica, Países Bajos, Alemania e Inglaterra, y en todas ellas tomaba datos.

Continúa trabajando sin descanso y olvidado ya su primer amor, vuelve a enamorarse de nuevo esta vez de una prima suya llamada Conchita, que residía en Sevilla y a la que dedica el soneto que ya había compuesto para María Isabel, aunque cambiando el comienzo.

Alternando su amor con sus trabajos literarios, por fin pudo lograr la cátedra de Historia Crítica de la Literaria Española.Ya nuestro prestigioso joven se desenvuelve con gran éxito en otras esferas mas refinadas y su amor por Conchita se fue apagando, y aunque era enamoradizo, nunca llegó a cuajar ninguno al tener que competir con la actividad literaria de don Marcelino.

Nombrado Académico de la Lengua y de la Historia tuvo nuestro eminente genio don Marceliano grandes admiradores, pero también muchos detractores.

Su pertenecia también a otras Academias, incluída la de Las Nobles Artes de San Fernando en las que fue desgranando hermosos discursos en el momento de su ingreso, molestaba a sus enemigos, que no soportaban su inteligencia y brillantez.

Obtenidas ya todas las glorias posibles inicia su etapa de profesor y se produce en él una transformación en el aspecto científico-estético y en el religioso-moral. Poco a poco se va apartando de la vida mundana y social y se va entregando cada vez más al estudio.

No gustando de política, don Marcelino fue Diputado en el Congreso y Senador por la Universidad de Oviedo y por la Academia Española y dado su escaso interés, terminó solo de senador vitalicio por la Academia Española.

Su vida en Madrid en los últimos años de profesor era tranquila vivía tan retirado cuanto le era posible, y aunque se había apartado de la sociedad, su figura estaba rodeada de prestigio, sabiduría y bondad. Todos querían honrarle y le llovían los nombramientos honoríficos y las condecoraciones.

En 1892 fue nombrado bibliotecario perpetuo de la Academia de la Historia y se mudó a la vivienda del último piso para vivir más tranquilo y también poder colocar mejor sus libros. Buscaba la soledad y el aislamiento para dedicarse plenamente a sus estudios. Ya en su alma anidaba el sufrimiento por las penas y desgracias de familiares y amigos.

Intentó de nuevo enamorarse, pero tampoco en esta ocasión tuvo el éxito esperado y poco a poco van dando comienzo los años tristes en su vida. Su nombramiento de director de la Biblioteca Nacional y Jefe del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos le llenó de ilusión y ganas de trabajar. Sin embargo, no dejó de sufrir ataques injustificados de sus enemigos a quienes dejó fuera de juego con una carta fechada el 7 de agosto de 1910.

Otros avatares le mostraron a don Marcelino, traiciones y desencantos por parte de algunos amigos, pero también resaltaron con gran esplendor el cariño que le tenían todos sus paisanos cántabros y que él sabía apreciar.

Acogió con extraordinaria satisfacción el ser elegido el 17 de diciembre de 1909 director de la Academia de la Historia por unanimidad. Por esta causa fue recibido por el rey Alfonso XIII, y acuñada una medalla conmemorativa de su nombramiento, que al recibirla le produjo una honda emoción.

Ya su salud estaba cada vez mas resentida, fallecieron sus padres, hechos que le produjeron un profundo dolor y también se sintió muy apenado por la desaparición de  su amigoValera.

Don Marcelino se entrega de lleno al trabajo y de vez en cuando acude a reuniones y actos sociales. Recibió también en los últimos años de su vida honores, distinciones y nombramientos que todos querían rendirle.

El 10 de diciembre de 1911 regresa a Santander ya bastante enfermo y a pesar de los cuidados de su hermano, de todas las cualidades humanas que reunía y de las ganas de trabajar que mostraba, su salud se deterioraba alarmantemente. Trabajaba incesantemente y en estos menesteres le encontró la muerte el 19 de mayo de 1912, día triste y lluvioso que también sentía la pérdida de tan excelsa persona.

Don Marcelino Menéndez y Pelayo, el último de nuestros grandes humanistas, ilustre español que consagró toda su vida al estudio y a la investigación de nuestra Historia y de las grandes figuras científicas y literarias, dejándonos un tesoro que les invito a consultar y profundizar en su conocimiento.

Datos obtenidos de la Biografía de Menéndez Pelayo, escrita por don Enrique Sánchez Reyes. Director honorario de la Biblioteca de Menéndez Pelayo.

Santander MCMLXXIV