






Municipio situado en la zona del Saja-Nansa, en plena Reserva Nacional del Saja, privilegiada tierra que la Naturaleza nos ha regalado a los cántabros. Escasamente poblada se encuentra relativamente cerca de la capital Santander, a poco más de 70 km. de distancia.
Rionansa , recorrido por el rio que da nombre a la zona, consta de 16 núcleos de población situados todos ellos a más de 150 metros de altitud sobre el nivel del mar, y que se denominan Arenas, Las Bárcenas, Cabrojo, Celis, Celucos, Cosío, La Cotera, La Herrería, Obeso, Los Picayos, Puentenansa , Riclones, Rioseco, Rozadío y San Sebastián de Garabandal, siendo Puentenansa la capital.
La historia de los primeros habitantes de Rionansa se remonta al Paleolítico según se desprende de estudios documentados con hallazgos encontrados en varias de las cuevas que existen en la zona entre las que destaca la de Chufín habitada hace más de 20.500 años.
El bellísimo paisaje favorecido por lo abrupto del terreno y por la baja densidad de población abarca una zona excepcionalmente conservada donde se desenvuelve una gran parte de la fauna autóctona de Cantabria, pudiendo observarse por los alrededores de Peña Sagra desde algún oso pardo hasta el vuelo majestuoso de águilas reales y buitres leonados.
En el rio Nansa el salmón y la trucha abundan para deleite de pescadores y aficionados.
Resultan espectacularmente bellos los frondosos bosques autóctonos de robles y hayas, abundando también los acebos, avellanos y abedules.
En las amplias praderías y pastos comunales de las zonas más altas pueden contemplarse los tradicionales invernales de gran raigambre en estos parajes de alta montaña donde se resguardan del frio los encargados de cuidar el ganado.
Asimismo es de resaltar, que la abundancia de calizas carboníferas en el terreno ha ocasionado que el agua haya creado con el paso de miles de años unas extraordinarias formaciones subterráneas como las que se encuentran en la Cueva del Soplao de la que ya hemos hablado en fechas anteriores y que probablemente sea declarada Monumento Natural.
Del Neolítico o Calcolítico se fechan algunas estructuras de piedra encontradas cerca de San Sebastián de Garabandal.
En Hoyo de la Gándara, existe un motivo grabado en un gran bloque de conglomerados cuarzosos que se cree puede proceder de la Edad de Bronce.
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El Patrimonio religioso data en su mayor parte, de los siglos XVI y XVII, destacando la Iglesia de San Pedro en Celis, y San Miguel Arcángel en Cossio. Son también de reseñar las ermitas construidas por indianos y emigrantes como la de San Roque y del Carmen, ambas en el pueblo de Celis.
En cuanto a la arquitectura civil, uno de los edificios más destacados es la torre de Rubín de Celis en Obeso. Fue construída con fines defensivos en el siglo XV, sobre una loma elevada cercana a una curva del río, es de planta cuadrangular y conserva sus muros de sillarejo, con esquinales y vanos de sillería. Su altura es de cuatro pisos, habiéndose añadido el último en el siglo XVI.
Asímismo, durante los siglos XVII y XVIII fueron construidas en Rionansa muchas y espléndidas casas que todavía existen hoy en día. En la gran mayoría de ellas pueden admirarse las amplias solanas tendidas entre los hastiales.
En Cosío existen tres casas pertenecientes al linaje de los Cosío. En el centro de la localidad se encuentra la casa torre de la familia, donde ya tuvieron otra anterior cuyo origen se remonta al siglo XIII. Otro edificio de esta familia situado a la salida del pueblo es la ‘La Casona’ con su capilla anexa en la que consta la fecha de 1723, y a la entrada la ‘casa de la Panda’ también del siglo XVIII.
Más construcciones de aquellas fechas lejanas son la casa de ‘la Campa’ o ‘Campona’, de Celis, del siglo XVIII con las armas de Diego de la Campa, Celis y Gutiérrez del Cortijo; y la casa Condal en San Sebastián de Garabandal, con una inscripción de fecha de 1723.
De mediados del siglo XIX podemos contemplar el balneario de la Brezosa en Puentenansa, que fue construido en dos fases, en la primera se estableció la galería de baños y la hospedería y hacia el final del siglo se añadieron la vivienda, biblioteca, capilla y otras dependencias más.
La rica gastronomía de la zona entre la que destaca el riquísimo cocido montañés abastecido por la matanza del cerdo y los frescos productos de las huertas, invitan a todos los visitantes a conocer los maravillosos encantos que encierran estas recias tierras y sus amables habitantes.
Fotografías
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